Capítulo I:

El ataque a Corkan

 

Era de noche, las estrellas se pasean quietas por un cielo oscuro, brillan y hacen de ese cielo uno con lucecitas encendidas en cada lugar que parece que estan describiendo una forma perfecta.

Una noche así había en Corkan, como muchas otras noches en este precioso lugar. Corkan era una ciudad que estaba siempre en primera línea de guerra, pues estaba situada en los confines de las tierras de los hombres, más allá solo hay cenizas de lo que un día hubo, una gran ciudad de hombres tan maravillosa como la misma Luna. Pero ahora pocos hombres habitan allí pues el miedo a que los orcos vuelvan a atacar como hace medio siglo atrás, les tiñe el corazón. Corkan ya sólo está habitada por hombres de armas que protegen el mundo de los hombres y se había convertido en un gran campamento con muros exteriores y unas grandes almenas donde los arqueros tienen una posición excelente contra los atacantes.

Esa misma noche Thor, un caballero al mando de Thingir, el comandante de las tropas de Corkan, observó que allí donde el sol se apagaba, en esa colina, aparecian miles de luces. Thor se asustó, pues esas luces no eran muy lejanas, no sabia qué podía ser, pero pronto adivinó que en realidad esas luces eran teas. Thor pronto salió disparado en busca de Thingir, la Guerra que hace ya medio siglo terminó está apunto de volver a empezar. Thor caminó hasta la puerta de la ciudadela y la abrió a su paso.

Orcos, mi señor, hay orcos en las colinas y no vienen a hablar – dijo Thor cansado después de tanto correr.

¡Rab, avisa a todos, que estén preparados los arqueros! – respondió Thingir mirando a Rab, un hombre con el que Thingir tenía mucha confianza. – Thor, tú llama a los jinetes y que preparen sus monturas y ve con ellos, he visto como montas y serás más útil con ellos. Yo iré con los espadachines, mi espada, Aruin, es recia y en ella habrá sangre de orco esta noche.

Thor hizo exactamente lo que Thingir le dijo, fue en busca de los caballeros, los avisó y todos le siguieron. Llegaron a los establos, cada uno cogió su caballo, pero en cambio Thor no tenía caballo y se quedó pensando cuál iba a coger. Thor sintió que alguien le cogía del hombro, se dio la vuelta para ver su rostro, era un hombre rubio ya desgastado por el tiempo, era de su misma estatura, ya llevaba puesto la cota de malla y estaba preparado para montar en su caballo.

Mi señor Thor, para su estilo de montar, que para qué engañarnos no es muy habitual por estas tierras, creo que será mejor que monte en Viento, es un caballo muy dócil que según he oído viene de los bosques más allá de la marca. Fue criado por elfos, le será muy útil. – dijo el hombre.

Gracias, pero nunca he montado en un caballo elfo, su rapidez podría desmontar al jinete sin experiencia, y en una batalla no quiero arriesgarme. – dijo Thor serio pero agradecido.

Yo monté una vez en uno y desearía volver a montarlo, pero no se me concedió ese honor. En cambio este caballo ha sido lo más parecido a un caballo elfo. – le dijo señalando a su caballo que era un caballo excelente, blanco, con el cabello muy largo y parecía tener unas dotes maravillosas. El jinete le guió hasta Viento, y Thor se sorprendió al verlo. El caballo no era blanco ni tenía un color claro, sino que era negro.

¡Un caballo elfo negro! – dijo Thor sorprendido

Si, exactamente es negro, a mí también me sorprendió al verlo. Me lo dio un elfo al que salvé la vida en las montañas Ithil, unos orcos le perseguían y yo no lo pensé, simplemente hice lo más sensato. – dijo el jinete recordando sus viejas hazañas.

¿Cómo te llamas, buen amigo? – preguntó Thor al jinete

Thunderli, mi señor – contestó rápidamente el jinete

Recordaré tu nombre en mejores días – le dijo a Thunderli mientras se acercaba a abrazarle.

Luego se colocó su yelmo de hierro, puso las monturas a Viento, y montó en él. Todos los jinetes le siguieron. Al salir todos estaban en sus posiciones: los arqueros ya estaban preparados en las almenas con teas encendidas cogiendo una flecha de sus carcaj, mientras los espadachines enfundaban ya sus espadas y sujetaban sus escudos. Se preparaban para un asedio que nadie era capaz de saber lo que iba a tardar.

Los orcos estaban ya muy cerca, algunos tenían pequeños escudos redondos y ennegrecidos, acompañados también de unas cimitarras bastante más grandes de lo normal. Otros tenían largas lanzas protegidos tan sólo por una cota de malla muy pequeña y endeble o un peto de cuero pasado, mientras que otros llevaban unos arcos pequeños que eran demoledores a corta distancia, pero que a larga distancia no hallaban presa. No se veía mucho, la oscuridad era densa y los arqueros no podían ver donde iban a caer sus flechas.

Los orcos se pararon poco más allá de donde las flechas no llegaban. Elaboraron un gran estruendo y pronto todos los orcos estaban dando voces y golpeando sus espadas en los escudos.

Los arqueros se inquietaron al oír el bullicio y al no poder ver más allá de unos cuantos orcos, sólo se podían distinguir por las teas. Se escuchó otro grito y muchos de los orcos apagaron las teas que llevaban. Ahora era una batalla a oscuras.

Debemos hacer lo mismo que ellos – se escuchó desde dentro de los muros, y todos los arqueros y espadachines empezaron a gritar apoyando la habladuría.

Sí, es verdad mi señor, si quieren una batalla a oscuras que tengan una batalla a oscuras. – dijo Rab, que se colocó al lado de Thingir.

No, no podemos arriesgarnos a una batalla así, los orcos están acostumbrados a la oscuridad pero nosotros no. – dijo muy atento y seguro Thingir

Al oír esto Thor se acercó a Thingir para darle la razón. Los arqueros se volvieron de nuevo y vieron lo que tenían detrás de los muros. Allí seguían los orcos, dispuestos a todo para conseguir lo que se proponían.

Todo seguía igual, nadie se movía, el silencia hablaba. Los arqueros estaban tensos, desesperados y sin saber qué hacer, hasta que otro estruendo sonó y los orcos empezaron a adelantar sus líneas poco a poco, la batalla había comenzado.

Rab subió a las almenas y se preparó para lanzar la primera descarga. Esperó a que las teas que aún estaban encendidas estuviesen más cerca para disparar. Vio las teas muy cerca, pero enseguida se dio cuanta de que las que estaban encendidas no eran de la primera fila de orcos, sino que era de la tercera o cuarta fila, y los orcos estaban preparando ya las escalas. ¡Escalas! gritó Rab. Algunos espadachines se subieron a los muros para proteger a los arqueros de los espadachines orcos. Las escalas se estaban colocando, algunos espadachines consiguieron tirar alguna de las escalas, pero otras consiguieron colocarse y empezaron los orcos a subir por las enormes escalas. Rab hizo lanzar la primera descarga de flechas hacia los que subían, mientras más orcos seguían subiendo. Los espadachines luchaban por intentar retirar las escalas pero gracias a los salientes en las partes últimas que se enganchaban en los muros, consiguieron resistir muchas de ellas. Y así llegó el primer orco a la cima de los muros que con su cimitarra hirió a un arquero desprevenido en el costado, mientras que otro le seguía por detrás matando al arquero herido. Rab puso dos flechas en su arco y las disparó hacia los dos orcos que acababan de subir, una le atravesó la garganta al primero, la otra se clavó en el ojo del segundo.

Enseguida Thingir ordenó hacer subir a más espadachines, y subieron al igual que los orcos seguían subiendo. Llegaron arriba y fue una sangrienta lucha entre espadachines , mientras que los arqueros se alejaban de las escalas para ser protegidos por los espadachines, pero pronto los arqueros orcos dispararon sus flechas a la cima matando a muchos espadachines orcos pero tambien humanos y algunos arqueros.

Thingir ordenó ahora abrir las puertas para matar a todos los arqueros con los jinetes. Thingir mando a Thor que hiciese llegar las ordeñes al jefe de los jinetes, Dersint, y llegó hasta donde estaba Dersint contándole el plan. Thor de inmediato, junto a los demás jinetes, fue hacia las puertas esperando a que las abriesen. Tardaron minutos en empezar a abrirse y pronto pudieron salir. La vista era aterradora, miles de orcos se concentraban detrás de los muros de Corkan. Thor estaba ahora al mando de Dersint y éste no tenía intención de echarse atrás. Dersint alzó el brazo con una larga y esplendorosa espada, y soltando un grito de batalla se dirigió a por los arqueros orcos. Dersint fue el primero en llegar cortando la cabeza al primer arquero que tenía delante y siguiendo hasta que se paró el caballo en mitad del batallón de arqueros mientras que todos los jinetes le siguieron rompiendo las filas de los arqueros. Thor llegó de los últimos haciendo abrir la formación de los jinetes para destrozar aún más al enemigo. Fue abriendo líneas cortando las cabezas de los orcos que tenía en su paso. Pronto llegó el batallón de piqueros que se pusieron rápidamente en formación inclinando sus picas. Más de un jinete se quedó sin su caballo al ser alcanzado por las picas de los orcos y lanzados por los aires cayeron al suelo. Los jinetes estaban consiguiendo abatir a sus enemigos sin mayores problemas, los arqueros no poseían defensa alguna ante un ataque sorpresa. Dersint siguió avanzando ahora que los jinetes habían conseguido romper líneas y mató a una inmensa mayoría de arqueros ya que los demás huyeron despavoridos para protegerse detrás de los piqueros. Hizo reunir a todos los caballeros para romper las escalas y matar a todos los que estaban subiendo por ellas. Orcos y más orcos venían por para subir por las escalas con sus cimitarras alzadas. Unos pocos se quedaron atrás para defender a los jinetes que iban a arrasar con las escalas, y entre ellos se encontraba Thor, que se acercó a otro jinete que tenía a su lado.

Moveos hacia vuestra izquierda, pensarán que los jinetes no tienen protección y cuando te dé la orden cabalgáis hacia nosotros y nosotros iremos hacia vosotros derrotando a todos los orcos que tengamos por delante. – le dijo Thor al joven jinete que se apresuró a hacer lo que Thor le había dicho.

Los jinetes se fueron lejos de la vista de los orcos y los orcos cayeron en la trampa que Thor les había preparado. Pensaron que los caballeros que ahora estaban rompiendo la última escala que quedaba estaban indefensos y corrieron hacia ellos con las picas por delante. Fue cuando Thor ordenó al jinete que alzasen sus espadas y corriesen hacia ellos. Enseguida el joven jinete cabalgó y le rasgó su espada en el cuello al primer piquero que encontró dejándolo desangrándose, mientras, Thor hacía lo mismo desde la otra posición cortando la cabeza a otro. Al siguiente le golpeó con el filo de la espada en la espalda y siguió hacia delante matando a todos los orcos que tenía a su paso, hasta que uno de los orcos se revolvió y vio que los otros orcos habían caído y puso la pica hacia Thor. Thor tiró de las riendas del caballo para intentar frenar pero el caballo no frenó en seco e hizo un amago dejando al piquero sin defensa, Thor aprovechó para clavarle la espada en la cabeza dejándola incrustada en su pequeño cráneo. Ya estaban juntas las dos filas de jinetes, miraron hacia atrás y vieron que los demás jinetes ya estaban preparados para volver a atacar.

Thingir sólo dijo que había que matar a los arqueros orcos, volvemos a los muros. – dijo Dersint que tenía sangre oscura por su coraza y por toda la cara

Podemos atacar ahora que están indefensos, sólo tienen unos cuantos piqueros más y los demás son espadachines a los que podemos matar sin pestañear. – dijo Thor con una voz que se sorprendía al escuchar pues no parecía él mismo.

Puede que tengas razón, pero atacaremos cuando el sol esté alzado, no vemos mucho más allá de nosotros pasos, no sabemos lo que pueden estar reservando para nosotros. – dijo Dersint a Thor con sabiduría.

-¡Volvemos a los muros!. – alzó el brazo indicando que le siguieran Dersint cabalgó hacia los muros y todos los jinetes le siguieron, Thor se quedó parado por momentos y fue el último en marchar y mirando hacia atrás viendo todos los jinetes caídos, volvió tras los muros. Cuando llegó éste, cerraron de nuevo las puertas con rapidez entre unos cuantos soldados. Lo que Thor vio fue desastroso, arriba en los muros, muchos orcos se hallaban muertos pero muchos más hombres – espadachines y arqueros – estaban por los suelos, unos muertos, otros gravemente heridos.

Lo has hecho muy bien. – dijo Dersint echándole la mano al hombro a

Thor. – Serás recordado durante mucho tiempo por tu acto de valentía. Thor que estaba cabizbajo no quiso escuchar las palabras de Dersint pues estaba inmerso en un halo de pensamientos hallando cuántas muertes se habían producido. Dersint fue en busca de Thingir pero cuando se quiso dar cuenta era demasiado tarde, una bola de fuego lanzada desde detrás de los muros le alcanzó y el fuego se le prendió y corrió de lado a lado haciendo que el fuego aumentase, algunos caballeros le intentaron ayudar pero no pudieron hacer nada, Dersint cayó al suelo desplomado y ardiendo. Ahora los orcos estaban atacando con catapultas.

El sol empezaba a aparecer por la colina y pudieron ver que fuera aún quedaban miles de orcos y habian preparado docenas de catapultas. Thingir decidió salir por la puerta de atrás y dejar Corkan y ordenó que todos sus hombres también lo hiciesen pues ante un ataque así, ellos solos no podían hacer nada. Los más importantes y afortunados iban a caballo, los demás debían ir a pie.

Thingir hizo abrir las puertas de atrás que daba al oeste con las montañas Ithil y salieron todos cabizbajos y atentos por si el enemigo les seguía. Pero no lo hicieron, los orcos consiguieron entrar en Corkan tras un ataque también con ariete. Después de entrar se pudo escuchar un rugido de victoria, que significaba la derrota para los hombres. Thor elevó la mirada hacia el cielo y encontró un dragón que iba directo a por todos ellos. ¡Un dragón! – gritó Thor. Enseguida Rab cogió una flecha de su carcaj y la puso en su arco, con mucho equilibrio lanzó una flecha con mucha fuerza pero el dragón la esquivó con rapidez, los demás arqueros hicieron lo mismo pero ninguna acertó en el blanco móvil. El dragón se aproximó, empezó a abrir la boca y extendió su fuego por campo abierto quemando a dos hombres que iban a pie, y mientras cogía a otro con sus garras, se elevó y desde lo alto lo lanzó contra los demás. Un arquero que iba a pie se paró, iba a coger una flecha de su aljaba, pero al mirar hacia atrás vio la boca del dragón prácticamente en su cara y nada pudo hacer.

Capítulo II:

La asamblea

 

Calh vivía en Griald cerca de las montañas Ithil y al norte del río Fanor. Era un hombre alto y robusto de al menos de veinte años, su cabello era largo y moreno y su barba rasgada. Sus ojos los habia heredado de su madre, unos ojos oscuros pero transparentes de los cuales se podia ver a través de ellos. Calh era hijo de Findb, el rey de los pocos pueblos de los hombres, gobernaba unas tierras poco extensas pero su importancia era mucho mayor que su extensión. Dominaba desde poco más allá del río Gassel, hasta las montañas Luand, pero sólo por la parte central de estas tierras, el norte estaba dominado por bosques habitado por algunos elfos.

Griald había sido gobernada por Findb durante mucho tiempo pero éste ya estaba dando claros signos de vejez y pronto había que hablar de un heredero. Findb tenía dos hijos, Findor, que era el mayor y más sabio en las artes de gobernar, y Calh, el pequeño, que había aprendido unas dotes con la espada muy características.

Griald tenía una fortificación casi metida entre las montañas, Ithûndel. Ithûndel tenía unos grandes muros de roca y unas grandes almenas desde donde se podía ver con mucha antelación cualquier ejército que se les venga y donde los arqueros tienen una precisión exacta. La fortificación daba al este y las montañas rodeaban por el norte y por el sur las murallas, lo que hacía que la única forma de atacar Ithûndel sea por el este, donde estaban más fortificados o atravesar las montañas por cualquiera de sus lados – tarea casi imposible para cualquier ser – la forma más fácil y simple era la primera.

Calh disfrutaba de un día soleado escribiendo un libro debajo de un árbol, aprovechando su sombra, y fumando pipa. De repente se acordó que su padre le había convocado en una asamblea para hablar de cosas muy importantes y que sería después del amanecer, y ya eran casi las nueve. Calh se apresuró a llegar a la ciudadela, donde había sido llamado. Cuando abrió la puerta todos estaban esperando impacientes su llegada y más aun su padre.

Te dije que vieneses con rapidez llegado el amanecer que había asuntos muy importantes que tratar y tú vienes cuando se te ha pasado por la mente venir. – dijo Findb muy disgustado y con rasgos de cansancio propios de la vejez.

Lo siento padre, se me olvidó por completo – contestó Calh con timidez

No sigo diciendo más pues el tiempo es oro y lo que ahora contaremos es de mas importancia que tus absurdas excusas. Que no vuelva a suceder – contestó más relajado Findb

Calh se dispuso a sentarse a la izquierda de su padre y comenzó a mirar a su alrededor, estaban sentados como si una mesa hubiese de por medio. A la derecha de Findb, que estaba sentado en el trono, estaba su hermano Findor. En la parte de la derecha de la sala se encontraba Thingir, al lado Rab y un poco más allá Thor. Al otro lado había dos elfos, Kaliki y Kinkl. Kaliki tenía una gran melena castaña clara que podia distinguirse con un color rubio.

Escondidas tras el pelo liso, unas orejas puntiagudas, más de lo habitual, y vestía con una gran capa de lana verde. Kinkl en cambio tenía una melena oscura con las orejas menos puntiagudas que su amigo y éste también vestía con la capa verde de su pueblo. Al lado de Kinkl había un extraño ser para Calh, era más bajo que un hombre pero más alto que un enano, tenía las orejas picudas como las de los elfos y era robusto como un hombre, y sus ojos eran muy pequeños y estirados.

¿Qué extraño ser es ese, padre? –dijo Calh en voz baja intentando que el ser no lo escuchase e inclinándose hacia al lado

Somos Garbs, joven Calh. – dijo el ser con un tono de cierto desagrado – Somos del Sur, muy al Sur, pero incluso allí llegará la oscuridad de la que hoy deberíamos hablar. – dijo con impaciencia y dirigiendo la mirada a Findb.

Se produjo un silencio mortal que nadie interrumpió, pero no estaban allí para perder el tiempo.

Bienvenidos todos, amigos, a Griald. – dijo comenzando así la asamblea. – Nos reunimos aquí por una causa de extrema importancia para las tierras libres de este mundo, ya sean hombres, elfos y demás seres libres. – dijo echando una mirada al garb. – Se trata de la Guerra, ha comenzado de nuevo, orcos aterrorizan los pueblos sin defensas y las destrozan quemando casas tierras y hombres, incluso han llegado a Corkan y se han adueñado de su fortaleza. Tenemos información de primera mano,

¿no, Thingir?.

Exactamente Findb. Miles de orcos atacaron las murallas de Corkan y ahora estarán quemando nuestras tierras si no lo han hecho ya. – dijo Thingir con desilusión y cabizbajo. – Pero esta vez los orcos tienen una astucia impropia de ellos. Temo que alguien sensato los esté guiando.

Pero eso no es todo. – interrumpió Kiliki con una voz suave casi imperceptible – los dragones han despertado y de esto se han enterado los elfos oscuros y los están poniendo en nuestra contra con sus artes oscuras. Y por si fuera poco han llegado a mis oídos noticias sobre una nueva raza, más despiadada que ninguna que haya existido, las álgoras. Son dos veces el tamaño de un hombre, con unas alas que extendidas llegarían de un extremo a otro de esta habitación, unas grandes cornamentas que atravesarían un jabalí, y todo esto unido a una gigantesca fuerza. La oscuridad acecha por donde quiera que vayamos, por eso estamos hoy aquí, esa oscuridad ahí que derrotarla de una vez por todas para que un día podamos vivir en paz, como antaño hicimos.

¿Qué sugieres que hagamos Kiliki? – dijo el garb despechado

Yo no estoy aquí para decidir lo que hay que hacer, Liredi – pues asi se llamaba el garb – estoy aquí para ayudar al Consejo de las Tierras Libres a tomar una decisión y para hacer cumplir esa decisión. – respondió

Kaliki ante la inoportuna pregunta.

¡No discutáis más! – dijo Findb al ver que pasaba el tiempo y aún no habían empezado a tratar el asunto. – no estamos aquí para discutir idioteces, hay que discutir qué hay que hacer y cómo lo vamos hacer. Los orcos seguirán avanzando haya o no extraños seres que les ayuden y su próximo gran objetivo será Ithûndel, debemos observar dos cuestiones. La primera es ver quién está detrás de todo este mal, pues los orcos solos no pueden tomar Corkan si no es con ayuda, y todos estos seres extraños de los que hemos hablado están aliados por eso al cual debemos investigar a fondo. Será una tarea dura, no os engañaré, el enviado tendrá que partir al este, en busca de noticias ya las den los enanos atrapados en el sur, en Öra o las encuentre por sus propios ojos el enviado. Cuando lo haya encontrado, deberá regresar y contarlo en la siguiente asamblea que clamare cuando esté de camino.

La segunda cuestión es avisar a todo ser libre de esta tierra para que se reúna tras los muros de Ithûndel, defender su fortaleza ante un más que posible ataque, deberéis llegar a vuestras tierras lo mas pronto posible, pues el ataque puede estar apunto de sucederse. Si llegaseis tarde, nuestra fortaleza no será más que una pequeña piedra en su camino y los orcos se expandirían por todas las tierras de los hombres y luego llegara la hora de los elfos, y tambien de los garbs.

Tengo una duda, Findb. – interrumpió Liredi – ¿cómo y quienes van a investigar quién está detrás de toda esta oleada de oscuridad?

Eso, pequeño amigo, es lo que ahora debemos tratar. – contestó Findb

Podríamos enviar al mejor espía de cada uno de nuestras razas y que partan hacia el este. – expuso Kaliki

No es una buena idea, tardarían mucho en llegar desde cada punto del mapa. – contestó Liredi – los míos estan muy alejados de estas tierras y tardarían mucho en venir.

Propongo que sean tres hombres y tres elfos los que vayan a tal cometido. – propuso Findor levantándose de su sillón de piel – los dos mejores espías humanos ya que son fuertes y estan aquí mismo sin necesidad de esperar días y días. Y los dos mejores espías elfos que tienen gran visión y una gran agilidad.

Los que estaban presentes hablaron entre ellos los inconvenientes y las ventajas de esto, y parece que todo indicaba que esta propuesta ganaría.

Querido Findor, ¿quién manejaría a esos espías? sólo obedecen al dinero, necesitarían un líder que los llevase correctamente. – dijo Findb mesándose la canosa barba.

¿Quieres decir alguno de los que estamos aquí? – preguntó incrédulo el garb, Liredi

Sé que aquí nadie se prestará voluntario. Yo no puedo ir, la vejez me ha apresado, no es ninguna sorpresa. Mi hijo mayor debe estar presente

aquí pues es heredero de todas estas tierras y si falla en mi muerte no habría heredero firme. He pensado que mi hijo menor, Calh, junto a mis mejores espías, harán un excelente trabajo. – finalizó mirando a su derecha, donde se sentaba Calh, que mostraba firmemente su rostro de sorpresa

Todos empezaron a mirar a Calh y a murmurar entre ellos. Calh se quedó asombrado al ver que su padre le llevaría a una muerte segura. Calh nunca de su pueblo nada más que para ir de comerciante a Giriald o a Ithûndel, una pequeña ciudad al oeste de Griald. Todos los presentes vieron la indiferencia de Findb ante su hijo menor.

El cómo hacerlo aún estaba en el aire pues ni Findb mismo sabía como empezar esta búsqueda, y no sabía tampoco qué estaba buscando, pero ya estaba decidido, su hijo sería el que iría.

Se produjo unos instantes de silencio y nerviosismo. Pero Kaliki terminó con ese silencio.

Ya sabemos quién va a ir a investigar quién está detrás de esto. Ahora deberíamos ver cómo avisar a todos estos seres que lucharán junto a nosotros por la libertad. – dijo Kaliki con un tono alterado.

Cada uno de los que estamos aquí seremos los que lo hagamos. Yo enviaré a mis mensajeros a cada parte de los pueblos de los hombres, cada uno de vosotros tendrá que hacer lo mismo con cada una de las razas libres. –contestó Findb rápidamente. – diciendo esto doy por terminada esta asamblea del Consejo de Las Tierras Libres. Todos empezaron a levantarse de los asientos de madera dura. Las caras de algunos eran de resignación y creían que habían perdido el tiempo. Kaliki fue el último en levantarse y fue directo a hablar con Calh.

Calh, amigo, te enviaré mis tres mejores arqueros y espías, tu misión es muy arriesgada necesitarás lo mejor. – dijo Kaliki apoyando su larga mano en el hombro de Calh.

Gracias, creo que voy a necesitar más que eso – dijo Calh agradecido pero triste y cabizbajo.

Kaliki se quedó mirándolo unos segundos, viendo que no iba a encontrar más palabras en él, se marchó. En la sala aún quedaba Thor, que como Kaliki también se acercó a hablar con Calh y le subió un poco la barbilla para poder ver sus ojos mientras hablaba con él.

No entristezcas, no hallarás la muerte en tu misión, aunque sé que no lloras por eso. Tu padre también me ha asombrado a mí y a todos los que estábamos en esta sala, pero también sé que no lo hizo por desprecio hacia tí, debe presentarse ante las demás razas como un rey, el líder de los hombres y no puede mostrar debilidad. A tu vuelta nos volveremos a encontrar y mandaré hacer una gran cena de bienvenida donde todos beberemos cerveza celebrando tu vuelta y quién sabe si la libertad y la ansiada paz. – terminó animado y seguro de sus palabras

Diciendo esto se alejó de Calh, antes de salir por la puerta se paró y extendió su gran capa azul oscuro hacia atrás, pero no se dio la vuelta y al final salió y cerró la puerta tras de sí para que padre e hijos pudieran hablar.

Padre, veo precipitado enviar a Calh, ¿por qué no envías a unos cuantos caballeros? – dijo Findor

La decisión está tomada, Findor, ya no hay marcha atrás. – contestó Findb sin mirar a su hijo. Se levantó y marchó hacia la puerta, la abrió y la cerró bruscamente.

Tranquilo hermano, he escuchado lo que ha dicho Kaliki y junto a unos cuantos elfos no creo que la misión salga mal. –dijo Findor tranquilizando a Calh y apoyando su mano en el brazo de su hermano.

¿No has escuchado lo que se ha dicho? No son simplemente orcos, son dragones, son elfos oscuros con mala suerte, y esa nueva criatura que nada más que de pensarlo me acobardo. –respondió Calh todavía más triste recordándolo.

Findor al ver que su hermano no podía pensar en otra cosa le señaló que era la hora de comer. Calh por fin se levantó y más tranquilo acompañó a Findor a la puerta.

Llegaron a la sala, donde ya estaba preparada toda la comida, servida en una gran mesa. Había jabalí, y más de un tipo de animal, sopa, frutos secos, frutas como cerezas, ciruelas, manzanas, y muchas más cosas que Calh no se paró a mirar. Se sentó a la izquierda de su padre como en la asamblea. A su izquierda se había sentado Thor, enfrente estaba Liredi y éste a su vez a la derecha de Kiliki.

Findb fue el primero en coger lo que iría a comer, se cogió un gran trozo de jabalí al igual que casi todos los presentes, que a grandes mordiscos hincaban el diente al jugoso y sabroso jabalí casi sin masticar. Sólo los dos elfos se olvidaron del jabalí yendo directamente hacia las frutas y las hierbas. Calh veía indignado como los demás, saciados de apetito, comían y comían llenando sus estómagos vacíos, mientras él estaba quieto mirándolos y sin rastro de hambre, los nervios comían todo lo que no hacía.

Pronto terminaron de comer y se fueron a otra sala aún más grande para reposar lo que habían comido. La sala tenía unos sillones de piel de oso muy grandes con reposa-brazos decorados con plata y tan espaciosos que Calh podría invitar a su hermano a sentarse en su sillón e incluso estar cómodos.

Thor se sentó al lado de Calh y se inclinó hacia él para decirle algo.

En tu viaje necesitarás del más veloz y ágil caballo. Te entregaré el que monte en Corkan, Viento, es un caballo elfo negro que me salvó la vida. – dijo Thor recordando lo que pasó.

¿Caballo elfo negro? – pregunto Calh con entusiasmo

Si, así es amigo mío, y te lo entregaré cuando salgamos de esta sala. – contestó asintiendo la cabeza

Muchas gracias, gracias por todo tu apoyo Thor, algo así sería incapaz de rechazar – dijo agradecido y alegre por ver un caballo elfo y sobre todo negro.

Tú tienes una difícil misión y darte todo es poco para tal acto.

Pero no fui yo quien se presto voluntario.

Sí, pero no has rechazado serlo. – dijo mirándole directamente a sus ojos oscuros

Los que estaban alli no paraban de hablar de sus cosas y de la presente misión que debía realizar Calh, cada uno de ellos en voz cada vez más y más alta para entenderse entre ellos mientras otros hablaban, todo hasta llegado el punto en que se saturaron las voces y hubo que poner orden. Findb levantó los brazos y grito que permanecieran en orden, inmediatamente callaron avergonzados por los griteríos que estaban formando.

La hora de partir se iba acercando. Poco más tarde fueron saliendo los invitados pues había asuntos que atender. Los últimos en salir fueron los hermanos, Calh y Findor.

Al salir Calh se encontró con Thor y éste le llevó hasta los establos. Había unos caballos muy hermosos allí. Estaban los dos caballos elfos de Kaliki y Kinkl, los dos blancos con una cabellera que relucía con el sol; el caballo de Liredi que era pequeño para ajustarse a su medida y un color oscuro; el caballo de Thingir que era un vulgar caballo del oeste pero con unas monturas muy decorativas que llevaban piedras preciosas y un atuendo militar; y al final del todo estaba Viento, al igual que Thor cuando el viejo compañero se lo entregó, Calh se asombró mucho al ver tan excepcional caballo, tenía una gran melena negra, grandes ojos muy oscuros y unas monturas del mismo color que las del caballo. El caballo relinchó de alegría al ver a su dueño, Thor deslizó su mano por la suave y sedosa cabellera del caballo. Calh vio el afecto que tenía Thor a Viento y podía ver que aunque no podían entenderse hablando aun así se entendían. –Toma prueba a montarlo. – dijo Thor dándole las riendas a Calh.

Éste montó y arriba se sentía diferente, más fuerte y seguro de lo que nunca habia estado, y golpeando las riendas hizo que Viento empezara a cabalgar a grandes zancadas. Salió a campo descubierto y golpeó otra vez las riendas haciendo que Viento corriera más rápido, pronto se alejaron de la vista de todos los que estaban en los establos, Calh notaba el aire correr sobre su rostro, notaba como si pudiese sobrevolar la tierra y eso le hacía sentir muy bien, fueron unos minutos que Calh disfrutó como un niño, quería estar más tiempo pero sabía que tenía que volver y le dijo a Viento – media vuelta – tirando de las riendas hacia atrás y el caballo dio media vuelta y cabalgando sobre sus pasos volvieron a la vista de todos hasta llegar a los establos.

El paseo fue impresionante, Thor lo leyó en sus ojos, a Calh le había entusiasmado mucho aquel caballo que días antes el viejo Thunderli le regaló a él y que ahora iba a obsequiar a Calh. Se lo entregó pero no sin su conllevada tristeza. Amaba tanto a ese caballo que nunca se podía separar de él, siempre pensaba en el día en que Viento le salvó la vida salvándosela a él mismo, se vería como un instinto, pero que Thor le agradeció con agasajos y cuidados especiales.

Ahora es tuyo Calh, que él te guíe por caminos y senderos seguros hasta encontrarte con el enemigo, hora en la que tendrás que volver. Que te guíe igual que me ha guiado a mí hasta aquí. –dijo acercándose a Calh y dándole un abrazo. Luego se acercó a Viento y éste lameteó el rostro de Thor.

Tengo que irme ahora, he de volver al pueblo del que provengo, he estado mucho tiempo fuera defendiendo Corkan y ahora que nos la han arrebatado, antes de volver a conseguirla de nuevo, iré allí, a Finj, al oeste de estas tierras. He de apresurarme y avisar de lo que está sucediendo, volveré con un ejército de hombres a los que el miedo no atemoriza, y volveré muy pronto, así que apresura tu viaje si quieres volver a tiempo de ver la Guerra –dijo Thor bromeando y riendo junto a Calh.

Diciendo esto marchó hacia el caballo que Findb le había regalado por su gentil acto al entregarle a su hijo un caballo elfo. Era un caballo oscuro del oeste, Thor lo acarició antes de montarlo y después cabalgó hasta que se perdió de la vista de Calh.

Calh vio primero como se iba Thor y después se fueron los demás, primero Liredi que se montó en su pequeño caballo del cuál decían que no podía crecer más pues así era la raza de caballos garb, luego se fueron Rab y Thingir, y más tarde Kinkl y Kaliki, pero este último antes de irse quiso visitar de nuevo a su amigo Calh.

Tienes un buen caballo Calh, me impresiona mucho verte con un caballo elfo y más aún éste, pues se encuentran muy pocos caballos elfos negros. – dijo Kaliki sorprendido al ver el caballo que Calh montaba, mientras acariciaba su suave melena negra.

Tienes mucha razón Kaliki estos caballos son muy hábiles y te pueden salvar la vida sin que te hayas dado cuenta, al menos eso dicen, pues yo y ninguno de los que estamos aquí hemos montado uno, esos caballos los suelen montar los elfos oscuros. –dijo Kinkl desencantado pues la hermosura del caballo no le distrajo ni un momento de lo que quiso decir con esas palabras. – Ten cuidado con todo a tu alrededor cuando montes este caballo joven Calh pues lo menos grave que te puede pasar es que te confundan con un elfo oscuro y eso ya de por sí por estas tierras es grave.

Gracias por el aviso Kinkl, tendré cuidado. – contestó Calh

Respecto a los arqueros que te acompañarán en el viaje, llegarán dentro de una semana y media, el tiempo en que lleguemos y los avisemos, nuestros caballos Harod y Hasel corren más rápido que un águila vuela. Ten sumo cuidado y mucha suerte amigo, nos veremos en tiempos mejores. –dijo finalmente Kaliki dirigiéndose hacia su caballo seguido de Kinkl.

Los dos montaron y los caballos cabalgaron más rápido de lo que nunca Calh había visto, eran verdaderos caballos elfos, como el que ahora tenía junto a él.

Ya había atardecido y era la hora de cenar, Calh ya tenía un hambre voraz pues en la comida no había comido mucho ante su preocupación por la misión que le había sido encomendada. Después de cenar se dispuso a dormir, el día había sido agotador, lleno de noticias malas y no tan malas. Cuando llegó a su gran cama se durmió enseguida, sólo tuvo que cerrar los ojos para adentrarse en un profundo sueño.

    Capítulo III:

    Los espías

     

    El sol se alzaba rozando con sus rayos los árboles y entraba por la ventana de la habitación de Calh, la ventana estaba pegada a la cama lo que la luz le llego directamente a los ojos estorbándole el sueño y haciéndole despertar bruscamente. Calh no habia visto a su hermano hacia ya una semana, desde la asamblea, notaba algo extraño los últimos días, normalmente se veían a cada instante para hablar, pelear o cualquier cosa que se les venga para poder estar juntos.

    Calh no paraba de pensar tambien en qué iba a hacer durante esos días en los que iba a estar con unos espías y buscando a alguien que ni sabían quien era, la duda cada día que pasaba le resultaba más y más pesada. Ya únicamente quedaban tres días según Kaliki para que los espías elfos que le iba a proporcionar llegasen y emprendiesen la marcha hacia una más que posible muerte. Calh pensó que sería importante empezar una cordial relación con los espías que lo acompañarían antes de emprender el viaje, y buscó a su padre para que le dijese el paradero de sus acompañantes. Findb sólo sabía el paradero de uno de los tres espías e inmediatamente se lo dijo, se encontraba en los establos, recién habia llegado del norte. Calh no dudo y salio hacia los establos para ver a uno de los espías que lo acompañarían. Al llegar, vio a un hombre de espaldas, robusto y vestido entre un peto de cuero, se esperó a que se diese la vuelta y dejase al caballo en una de las celdas para hablar con él.

    Bienvenido a Griald ¿Cómo te llamas? – preguntó Calh

    Dirial, mi señor. ¿A qué se debe tu visita? – dijo Dirial

    Aun no te lo han dicho, ¿verdad? Vendrás conmigo en una misión hacia la muerte – respondió Calh con una mueca de chiste. – Debemos investigar junto a otros dos espías quién o qué está detrás de esta columna de oscuridad.

    Dirial se quedó sorprendido ante una bienvenida tan inesperada, prácticamente no se habia enterado de nada de lo que Calh había dicho. Emprendieron la marcha hacia la ciudadela, entraron a la sala en la que días atras se habían reunido para descansar después de comer el día de la asamblea. Se sentaron y esperaron a ver quien era el primero en hablar.

    ¿Dónde vivías antes de servir como espía de mi padre? – preguntó finalmente Calh, Dirial se quedó pensativo recordando lo que parecía tan lejano

    Hace ya mucho de eso, pero aún recuerdo cómo era, de sus montañas, sus árboles y su hierba fresca. Vivía en Gordfol, una gran ciudad en la que elfos y hombres comerciaban libremente todos los días y éramos felices. Pero como te he dicho, hace mucho de eso, ahora hay mucha tensión, el clamor en el Bosque Oscuro vuelve a atemorizar a los hombres – dijo Dirial

    ¿Temor en el Bosque Oscuro? ¿Cuéntame la historia? – preguntó Calh

    Hace largos siglos atrás, algunos elfos se adentraron en este bosque y de todos ellos sólo sobrevivió uno, Aridel, el que se conoce como el Líder de los Elfos Oscuros. Según cuenta la leyenda salió del bosque cubierto de sangre y se desfiguró y rasgó la cara él mismo mediante sus nuevos artes oscuros. Aridel llegó a Anor Asien enseñando las nuevas artes de las que disponía. Muchos elfos de allí le siguieron y aprendieron de su líder. – Hizo una pausa para sacar la pipa del interior los andrajos que llevaba, la encendió y le dio una calada mientras se disponía a seguir la historia, mientras Calh le miraba con impaciencia – Aridel convirtió Anor Asien, Templo de la Vida, en Anor Idel, Templo de la Muerte. Los elfos de los demás pueblos se enteraron de la traición de Aridel y mandaron asesinarlo. Muchos elfos murieron intentando matar a éste, solamente un único elfo se acercó lo suficiente como para intentar algo más, y efectivamente mató a Aridel, el guerrero elfo que lo consiguió fue Iridriel. Se hicieron frente en un duro combate a espada y magia. Después de muerto, los elfos oscuros campan de alli a aquí sin rumbo alguno esperando que llegue un nuevo líder. Y con esto llegamos a la actualidad, parece que las esperas de los elfos oscuros se han terminado, se han enterado de que Aranidil vive.

    ¿Aranidil? ¿Quién es? – preguntó Calh queriendo saber más

    Un elfo de edad no mucho superior a la vuestra – contestó hablando muy bajo, Calh casi no llegaba a escuchar lo que decía – ha alcanzado un nivel de sabiduría nunca vista, al principio pensaron que no iba a ser un gran guerrero porque su maestría con las armas no era especial, pero el mejor guerrero es el sabio y Aranidil es el más sabio del que nunca he oído hablar. Ahora viene la peor noticia, Aranidil a desparecido, nadie conoce

    su paradero, tememos que haya sido capturado por los elfos oscuros, puede incluso que mientras nosotros estamos hablando, él esté aprendiendo las artes oscuras.

    La cara de Calh se tornó en graveza, se quedó paralizado.

    Aunque hay una buena noticia – dijo hablando más alto y entusiasmado – Iridriel, el que un día consiguió derrotar al primer elfo oscuro, podrá derrotar a este nuevo líder. Aunque estoy pensando muy adelantado pues no sabemos aún si ha sido o no capturado, asi que hay que preocuparse y alarmarse pero nunca echarse abajo.

    Se miraron mutuamente durante un instante, Dirial volvió a dar una calada a la pipa, la apagó y la guardó entre sus ropajes. Calh se quedó mirando la cara envejecida de un no tan anciano hombre pues su edad no era mayor de treinta años. Los ojos eran claros casi tapados por una larga melena morena que le rozaba toda la espalda, y una barba que no cuidaba en demasía.

    Dirial se levantó y pidió a Calh que lo acompañase de nuevo a los establos y a cabalgar por el llano de la ciudad. Calh aceptó con entusiasmo ya que necesitaba aire fresco después de la noticia que le había dado.

    Al llegar a los establos Calh acarició la cabeza de Viento y sujetando las riendas se acercó a decirle unas palabras: anir suire

    ¿Conoces el idioma de los caballos? – preguntó Dirial

    He estado mucho tiempo tumbado en la hierba leyendo – contestó Calh riendo

    Montaron e iniciaron una marcha lenta, llegaron a una explanada en donde había un árbol muy característico, su tamaño era mucho mayor del habitual y estaba como encorvado. Allí se miraron, Dirial le guiñó el ojo y Calh afirmó con la cabeza, iniciaron una carrera de ida y vuelta. Dirial enseguida tomó la cabeza y mirando hacia atrás golpeó de nuevo las riendas. Calh se inclinó al oído de Viento: Arus itme upsom fiar le susurró. Viento pronto comenzó a cabalgar tan rápido que a Calh le pilló por sorpresa y casi cae de su montura pero antes de caerse se agarró con firmeza a las riendas y se colocó nuevamente. El caballo seguía cabalgando veloz y pronto se pusieron alineados junto a Dirial, llegaron hasta el río Fanor que estaba al sur de la ciudad. El río era estrecho pero tenía un tamaño impresionante, un poco más al norte del río había un gran puente de piedra. Al llegar al río, Dirial dio media vuelta más rápido que Calh dejándolo atrás. Dirial ya estaba bastante lejos pero Calh no se rindió y Viento comenzó de nuevo a cabalgar lo más veloz que podía, haciendo que Calh inclinase un poco la cabeza para coger un poco de aire. El árbol estaba cerca y Calh y Dirial ya estaban otra vez al lado, se miraron y Calh empezó a tomar ventaja llegando al árbol antes, ni siquiera le dio tiempo a mirar atrás, Dirial ya estaba junto a él cuando se quiso dar cuenta. Cuando terminaron cabalgaron ahora más despacio y exhaustos hacia los establos.

    Ha sido una gran carrera – dijo Calh agotado

    Cierto, cabalgas muy bien, mi señor. – contestó Dirial – No me ha dado tiempo a preguntarle, ¿donde ha conseguido este excelente caballo?

    Fue un regalo de Thor – contestó firme Calh

    ¿Thor? – preguntó impresionado – ¿Le conoces?

    Si, coincidimos en la asamblea, es un buen hombre

    Efectivamente, es un gran hombre y un gran amigo, me alegro de que esté bien. – dijo Dirial con cara llena de alegría – No sabía que alguien hubiera sobrevivido a la batalla de Corkan

    Pues no es el único, Rab y Thingir tambien salieron con vida, estuvieron aquí. – contestó Calh, y a Dirial se le saltaron una lagrimas.

    Yo solo traigo malas nuevas… Gracias mi señor por esta gran noticia, ahora sé que no todo se torna en oscuridad y tristeza.

    La puerta se abrió interrumpiéndolos, en la sala entró un guardia.

    Mi señor, los otros dos espías que le acompañarán acaban de llegar.- dijo el guardia mirando a Dirial

    Muy bien, diles que ahora iré y que deseo hablar con ellos.

    No, mi señor, ya están aquí y vienen con muy malas noticias – contestó el guardia con preocupación

    Hazles pasar

    Entró primero uno de los espías, era bastante alto y robusto con una melena rubia, cuando llegó al frente de Calh miró hacia la puerta y entraron unos guardias con una camilla tapada con una sábana de seda, el otro espía que iba a acompañarle estaba muerto.

    Mi señor, Lindl ha sido asediada, pronto llegarán a Finj y podrán cruzar las montañas Ithil hasta llegar a Ithûndel, hay que detenerles. – dijo sin detenerse y casi sin aliento

    Dime, ¿cómo ha sido? – preguntó

    Miles de orcos, mi señor, y no solo eso … – se detuvo un instante – álgoras, han venido con monstruosas álgoras.

    ¿Como? ¿Cómo pueden estar reunidos orcos y álgoras? – preguntó Dirial

    No lo sé, solo se lo que he visto con mis propios ojos, él se quedó atras – dijo el espía señalando al otro ya muerto. – y una álgoras vino por detrás se deslizó rápidamente para ponerse justo delante y le golpeó con su gran maza en el pecho, lo tiró al suelo y alli le clavó los pinchos de la maza en la cabeza.

    Calh se levantó fue hacia la camilla y suavemente deslizó la sábana dejando ver la cara del espía, estaba completamente desfigurada, siguió bajando hasta llegar al pecho, la coraza estaba atravesada y cubierta de sangre. Con un gesto de rabia volvió a tapar al joven espía. Calh hizo que le dieran un entierro digno y fue en busca de su padre para darle las nuevas que traían.

    Padre, Lindl ha sido asediada, van a Finj. – dijo exhausto y viendo que

    Findor estaba con su padre

    Lo sé, pero no podemos arriesgarnos, las casas podrán volver a ser construidas, les esperaremos aquí, en Ithûndel. – dijo Findb – Ya he hecho llamar a todo hombre para defender Ithûndel, llegarán pronto. ¿Y Finj?

    He enviado a un mensajero para ordenarles que lleguen a Ithûndel lo antes posible.

    Calh respiró aliviado al conocer la respuesta.

    Al día siguiente hizo llamar a los dos espías para reunirse con él para hablar de lo que iban a hacer, se reunieron en el mismo sitio en el que Calh habló con Dirial.

    Calh y Dirial ya estaban reunidos esperando a que viniese su compañero de viaje. Pronto llegó abriendo la puerta y desperezándose ya que la mañana acababa de empezar.

    Muy bien lo primero, ¿cómo te llamas? – preguntó Calh

    Aster – dijo frotándose aun los ojos

    Bien Aster, Dirial me ha contado lo de el Bosque Negro, Aranidil podría ser el que está detrás de todo esto, pero por lo que tengo entendido, no desapareció hace mucho y para aprender las artes oscuras hace falta mucho tiempo.

    ¿No deberíamos hablar de cómo frenar a esos miles de orcos que están acercándose a estas murallas? – preguntó con impaciencia Aster

    Eso no es de nuestra incumbencia, eso ya lo está tratando mi padre en un consejo con sus fieles servidores y no tengo intención de saber lo que van a hacer y a ti tampoco tendría que importarte.

    Está bien hablemos de lo que tengamos que hablar. – contestó

    Bien, creo que tendremos que partir sin rumbo.

    ¿Para eso me hacéis venir? es evidente que no tendremos rumbo, esto es una total falta de tiempo. – dijo Aster levantándose, abrió la puerta y se fue

    Calh y Dirial se quedaron sorprendidos ante la actitud del joven Aster. Inmediatamente Calh salió y Aster le pidió disculpas por su comportamiento, tantas horas había pasado en el camino que le había puesto de mal humor tener que volver a salir, la muerte de su compañero fue un golpe muy duro para él.

    ¿Por qué no nos vamos a beber unas cervezas para relajarnos?

    Eso estaría bien – respondió Aster

    Calh entró para llamar a Dirial, y los tres fueron a la posada a tomarse unas cervezas que le aliviaran el día, que había empezado con mal pie.

    Se sentaron y una hermosa mujer de cabello oscuro y ojos de un color pardo les sirvió una pinta de cerveza a cada uno, la suave estructura de la espuma se salía de la gran pinta de madera coagulada, empapando la mesa.

    Rápido – gritó Dirial, mientras los dos le miraban – que la mesa se lo bebe todo

    Cogió su pinta y trago a trago sin dejarla ni un segundo se bebió la jarra en pocos segundos sin dejar mas que unos hilillos de espuma en el interior. Viendo que no le quedaba pasó la lengua por la parte de la mesa en que se habia derramado la cerveza empapándose así también su pelo castaño claro.

    Mientras, Calh y Aster comenzaron a reír sin parar durante unos segundos, Aster incluso tardó un minuto en dejar de reírse mientras le lloraban los ojos verdosos que con su larga y despeinada cabellera rubia casi no dejaba ver.

    Parecía que su viaje no iba a ser tan malo como creía.

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